14 mayo 2013

Los movimientos de cadera de Elvis Presley

El rock siempre ha tenido su lado irreverente. Desde sus inicios, esta manifestación artística ha estado ligada a la provocación juvenil. Es aquí donde la comunicación tiene un sentimiento de especial diferenciación. Muchos grupos han marcado las distancias entre la juventud y el resto del mundo gracias a canciones vigorosas y provocadoras. Textos, músicas, poses, estilos, gestos, vestidos y apariencias para significar una revelación. 

Desde los movimientos de cadera de Elvis o las melenas de los Beatles hasta las proclamas de los Sex Pistols, la historia del rock está escrita como una hostigacion al sistema.

 Lo que pasa es que esta sociedad ha terminado siempre por devorar a todos los héroes de esta rebeldía. Para algunos, estos desafíos son una válvula de escape que nada ni a nadie perturban. Algo así como una catarsis renovada cíclicamente con la que dar rienda suelta a la magia y la pasión de la audiencia juvenil. En esta vida, piensa más de uno, por todo hay que pasar. Quizá. por eso casi todas, las estrellas que en el rock han sido hostigadores han acabado justo en el lado que decían criticar y haciendo todo lo que cantaban como deleznable. De esta guisa he aquí el grupo irreverente del momento. Una banda poderosa de músicos alborotadores llegados desde la lejana costa oeste norteamericana. Allí donde les han prohibido la portada de su último disco y donde sus canciones son descaradas y desvergonzadas. 

Tienen tres álbumes publicados y una cultivada carrera de escándalos. Aquí son conocidos sobre todo por su poderosa música. Sus canciones están entre el «heavy» y el «punk», con algunas dosis de ritmos negros densos. El combinado se concluye con actitudes sicodélicas. Un conglomerado desafiante que en directo resultó, por lo que vimos, algo monocorde. El concierto tuvo una notable acogida de público. Los componentes de Jane's Addiction lucen agresivas imágenes cercanas al mundo del «skate». Junto a la batería situaron abundante imaginería y flores, como si de un altar se tratase. De principio a fin, descargaron con la energía que se les suponía todas sus canciones. El público bailó con igual fuerza.

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