01 mayo 2013

El hombre que decidirá como será la música en el futuro

Richie Hawtin empezó el año pinchando en tres países distintos en menos de 24 horas. Para su nuevo espectáculo como músico, bajo el alias de Plastikman, pretende meterse en todos los iPods del público e interactuar con él. Sus fans se cuentan por millones.

Desde hace siete años, viene residiendo en Berlín. Richie Hawtin -nacido en Inglaterra (1970) y criado en Canadá- habita un ático elegante, limpio y decorado con sobriedad en el barrio de Prenzlauerberg. Él lo llama "hogar", pero para un dj de éxito no existe, en realidad, un hogar: un alto porcentaje de su vida consiste en tomar aviones, en viajar por el mundo, básicamente en esperar (antes de plantarse delante del público o cuando toca volver por unas horas a su efímera residencia). La agenda de un artista como él puede resultar insoportable: saltos constantes a Asia, actuaciones en Australia, Argentina y el norte de Estados Unidos, durmiendo en confortables asientos de business class con el reloj biológico hecho un auténtico asco. Pero Richie Hawtin no sabe, ni quiere, vivir de otra manera porque entiende su trabajo como una misión: la de proyectar cuanto más lejos posible la música electrónica y servir de eje de reunión y comunicación entre las personas. Lo repite como un mantra: "La gente necesita reunirse, no quiere estar sola. Es por eso por lo que se juntan en festivales o en clubes nocturnos. El mejor invento que ha habido nunca para unir a la gente es la música".

Cuando aparece su nombre en el cartel de un gran evento techno -en España es habitual en festivales tan concurridos como Sónar, Monegros o Klubbers-, siempre es arriba del todo, con letras grandes y destellantes. Cualquiera de sus máscaras artísticas -Richie Hawtin cuando hace de dj; Plastikman cuando expone en directo su faceta más experimental; Minus o Contakt cuando acude haciendo piña con los artistas de su sello discográfico- es capaz de arrastrar un mínimo de 10.000 personas por noche.

Hay pocos artistas con máquinas o tecnología que estén por encima; quizá Depeche Mode, que en el fondo responden a un patrón pop. Hawtin, en cambio, es techno: el sonido que busca es frío, rítmico, casi siempre instrumental, el equivalente en música a observar una muestra de arte contemporáneo (Hawtin, por cierto, es aficionado al diseño y a la escultura moderna; su hermano Matthew es pintor abstracto). Es, en definitiva, un creador que no se adapta al mercado más fácil, capaz de trabajar en los márgenes más duros de la experimentación electrónica, con prestigio intelectual, pero que ha sido capaz de conectar con el público joven a partir de un ritmo intenso y tribal. Si su hijo o hija sale a hurtadillas por la noche, no le quepa duda: quizá tenga una cita con Hawtin, una de esas citas que sólo se acaban cuando el sol ha vuelto a salir.

"Se suele relacionar el techno con una música para los jóvenes", reflexiona, cómodo en su sofá de diseño, descalzado, completamente vestido de negro haciendo honor a su devoción por el minimalismo. "El techno es para muchos una música que abandonas al cabo de un tiempo y de la que no vuelves a saber nada. Hay gente de más de 30 años que un día se topa con el techno de nuevo, por azar, y se preguntan 'pero esto, ¿todavía sigue vivo? ¿Qué me he perdido?'. Pero hemos estado siempre ahí, y poco a poco hemos conseguido que el techno se vea como una música seria, con integridad. Mira la música pop de hoy: no sería así si no hubiera sido por la que hicimos nosotros hace 20 años".

Richie Hawtin comenzó a hacer música y a pinchar en 1990, en Detroit (Michigan, EEUU), la cuna del techno. Organizaba fiestas en sótanos oscuros por la necesidad, antes expresada, de comunicarse y reunirse con gente nueva. "Era un chico introvertido, tímido, temeroso, pero no quería estar solo", confiesa. En aquellas fiestas primeras comenzó a construirse un culto, amistades, una familia paralela. Por entonces, no era Hawtin: su nombre de guerra era Plastikman, un alias que le ha acompañado durante todo este tiempo y que ha marcado una época en la música de baile gracias a sus complejos entramados rítmicos.

Los primeros fans llegaron a tatuarse el logotipo del proyecto -una especie de monigote de goma con la cabeza hinchada y un brazo izquierdo del grosor del de Rafa Nadal- en diversas partes del cuerpo. Era un primer síntoma de lo que más tarde sería la religión del techno y del actual estatus de Hawtin como una especie de superhéroe de la música.

Desde entonces, ha publicado discos, ha pinchado una media de 250 días al año -cada año, desde 1998, aproximadamente- y ha logrado extender el área de influencia del techno a todos los países, a todos los substratos sociales y a todas las edades. Como toda figura que ha alcanzado fama y éxito -su caché no engaña: se puede embolsar entre 4.000 euros y 20.000 euros por noche, según actúe en un pequeño club o un gran festival-, Hawtin tiene detractores y críticos a la contra que le han acusado de monopolizar la "propiedad" del techno contemporáneo. Pero nadie ha llevado los principios de la música electrónica de baile popular más lejos que él, tanto a un nivel geográfico, como a un nivel tecnológico e incluso redactando un incipiente manifiesto ecologista.

Para Hawtin, tecnología no significa únicamente usar máquinas y ordenadores para construir música. Es algo más: implica usarla a todos los niveles, asociando trabajo, modo de vida y relaciones personales. Por ejemplo, fue el primer dj en utilizar la red social Twitter durante sus sesiones: mediante una aplicación, los temas que iba seleccionando en su portátil y que iba deconstruyendo en la mezcla, se comunicaban vía Twitter a sus seguidores. Se podía saber, por tanto, en tiempo real, qué música estaba sonando y cómo se entrelazaba entre sí.

HIPERCONEXIÓN. La tecnología, según Hawtin, permite que el techno llegue a lugares inéditos en los que otras músicas aún no han logrado penetrar. "Hace poco estuve haciendo unas pruebas en Ustream, un canal de emisión en Internet para radio, televisión, lo que quieras. Anuncié vía Twitter y Facebook que iba a pinchar en abierto. En un momento, se conectaron 6.000 personas desde lugares como Kuwait, Japón, Abu Dabi o Canadá. Si yo comunico vía Twitter qué temas pincho, habrá fans en Islandia que podrán buscar esa música, comprarla en tiendas tipo Beatport y descargarlas. Es una bola de nieve".

Toda esta anticipación a los acontecimientos futuros no es casual. Tampoco es que Hawtin sea un vidente ni un genio; es sencillamente una persona atenta, preocupada por el cambio tecnológico y social, que asume riesgos con herramientas que aún no se han popularizado. Su secreto es sencillo: participar en los máster en TeT (Technology for Education and Training) impartidos por diferentes universidades. Anticiparse al cambio y ponerse en marcha asumiendo riesgos.

En 2001, fue el primer dj en descartar los discos de vinilo y en pinchar con ficheros de audio. Muchos le consideraron un traidor, pero la realidad le ha dado la razón: hoy, el 95% de los dj pinchan ficheros digitales gracias a herramientas de mezcla como Traktor o FinalScratch. Su apuesta por Twitter la hizo en un momento en que la batalla entre las redes sociales parecía librarse entre Facebook y Myspace: pero hoy, si Facebook tiene una amenaza que pueda desbancarle, ésa es Twitter. "Si me tengo que quedar con algo y descartar todo lo demás, lo tengo claro: el teléfono móvil, el SmartPhone. Es la clave del mundo moderno", remarca Hawtin. "La clave en realidad es Internet, pero el móvil es el dispositivo ideal. Es el objeto que me permite tener este estilo de vida: para estar en contacto con la gente, para almacenar la música que quiero escuchar o que necesito pasar al ordenador, para hablar con mi madre, a la que apenas veo".

ASESINO DEL VINILO. Se le ha acusado de ser "enemigo del vinilo". Todo tiene una razón: para él es una cuestión ecológica. "Llegará un momento en que no podremos fabricar los discos como hasta ahora. ¿Qué se necesita para fabricar un vinilo o un CD? Necesitas petróleo. Y el petróleo se acaba, la energía se acaba. Hay que olvidarse de una vez del formato. Enviar los discos por correo exige cargarlos en un avión. Aunque no lo parezca, la industria de la música también contamina. Comprendo que haya fans que quieran tener los discos, y a mí también me gusta comprarlos, pero algún día todo esto se tendrá que terminar".

Por eso, su último lanzamiento discográfico, la caja recopilatoria Arkives -11 CD, un libro y seis vinilos que recogen su discografía completa bajo el alias Plastikman más una exhaustiva reunión de rarezas, el documento definitivo de sus 20 años de carrera-, se está fabricando con materiales reciclados y en plantas de producción que controlan las emisiones de CO2. Sea en el aspecto tecnológico o en la dimensión ética de su música, para él siempre se trata de lo mismo: pensar en el futuro.

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