15 junio 2018

Metía drogas y teléfonos en la cárcel con un dron

Gangland Mr Big es el servicio de entrega de aviones no tripulados para llevar drogas y teléfonos móviles a prisión

Un prisionero en la cárcel de Forest Bank hizo un agujero en la pared de su celda para poder extender su mano y agarrar las entregas de los drones mientras se mantenían afuera.

Darren Dunn ha estado enjaulado durante 10 años por llevar a cabo una operación de contrabando en la cárcel de Forest Bank usando drones.

Una pandilla El Sr. Big fue el cerebro de una banda de contrabando desde su celda de la prisión durante la cual metió drogas en la cárcel, mediante drones controlados a distancia.

Darren Dunn, de 35 años, estaba sirviendo un tramo de "protección pública" pero usó un iPhone de contrabando para organizar vuelos desde el exterior de las paredes de la prisión para que el cannabis y la "droga zombie" Spice pudieran ser usados ​​por presos y vendidos.

Al menos un prisionero hizo un agujero en la pared exterior de su celda para poder pasar la mano y agarrar las entregas de los drones mientras se mantenían afuera.

Dos máquinas se estrellaron contra la red sobre el patio de recreo, pero se cree que otras entregas se realizaron con éxito.

La policía vio a uno de los empleados de Dunn merodeando fuera de la cárcel del Banco de la Categoría B en Salford, Gran Manchester, y agarró su mochila para encontrar que contenía un avión no tripulado más 28.000€ en especias, cannabis y esteroides.

Uno de los aviones no tripulados incautados por la policía que se utilizó para contrabandear drogas a los presos.

También se encontró un calcetín anudado en la bolsa rellena con diez teléfonos móviles y tres cargadores. Todos debían volar sobre las paredes de la prisión de 1.500 reclusos. Los teléfonos móviles con un cargador pueden valer £ 500 cada uno dentro de la cárcel.

El dron fue analizado más tarde y se encontró que se utilizó en 41 vuelos registrados, incluidos cuatro en la cerca perimetral de la cárcel y otros 22 en el terreno alrededor o fuera de la prisión.

El propio ladrón armado Dunn tenía dos iPhones en la cárcel, uno de los cuales fue encontrado oculto en su celda. Resultó que los había estado utilizando para dirigir a un equipo de traficantes para que importen drogas al Reino Unido desde España antes de enviar las sustancias a la cárcel por tráfico a los reclusos.

Una mujer que tuvo un hijo con Dunn depositó más de £ 10,000 en su cuenta bancaria como resultado de la operación.

Durante la consulta, se incautaron 556 teléfonos móviles y 237 tarjetas SIM dentro de la cárcel durante un período de un año.

Drogas, teléfonos móviles y jeringas fueron introducidas de contrabando en la cárcel usando drones.

En Manchester Crown Court, Dunn, de Salford, recibió otros 10 años tras las rejas después de declararse culpable de conspiración para transportar artículos a prisión, conspiración para importar drogas clase B y lavado de dinero.

El fallo se produjo cuando debía enfrentar una audiencia de libertad condicional sobre una posible liberación inminente de la cárcel.

El tribunal escuchó que Dunn había sido encarcelado originalmente en Leeds en 2008 para protección pública después de que estuvo involucrado en una serie de robos en camionetas de efectivo en tránsito en las que uno de los guardias estaba a punta de pistola y otros fueron amenazados con mazas, palancas y un hacha.

En ese momento, la policía lo describió como "peligroso y fuera de control" y le dieron una sentencia indeterminada.

Dunn fue liberado en febrero de 2016 después de cumplir ocho años, pero en junio siguiente fue llevado nuevamente a la prisión para reanudar su tramo con una recomendación de que prestaría servicio 40 meses después de que lo arrestaran por un incendio provocado.

Poco después, Dunn adquirió ilegalmente un teléfono en prisión y organizó su operación criminal, en la que seis hombres participaron en el pedido, la compra y el contrabando de drogas en el Reino Unido.

Un hombre voló a Barcelona en tres ocasiones y tuvo un "contacto telefónico significativo" con Dunn.

El cannabis también fue llevado en avión a la cárcel de Salford usando un dron.

La raqueta comenzó a desmoronarse en diciembre de 2016 cuando dos de los hombres fueron detenidos cuando regresaban a Portsmouth en un ferry y se encontró que su vehículo tenía 5,6 kg de cannabis por un valor de hasta 170,000€.

Luego, la policía descubrió que se usaban drones para contrabandear drogas y teléfonos móviles al Forest Bank y los oficiales vieron dos de los estacionamientos de pandillas en un estacionamiento cercano y luego ensamblaron el dispositivo a unos 10 metros de la pared exterior de la cárcel.

En ese momento, los oficiales decidieron no arrestar a la pareja porque había una "dificultad para desplegar a los investigadores encubiertos de vigilancia", pero se abalanzaron más tarde cuando sospechaban que iba a tener lugar un nuevo vuelo. Uno de los miembros de la pandilla que vio ir en bicicleta al cerco perimetral de la prisión escapó, pero dejó caer su mochila y la encontraron cerca.

Sentencia Dunn El juez Timothy Edwards le dijo: "Usted ha estado en prisión preventiva cumpliendo una sentencia indefinida hasta que la junta de libertad condicional considere que usted sea liberado.

"Su sentencia ahora incluirá las consecuencias de su actividad criminal organizada en la cárcel, que usted mismo ha provocado.

Un prisionero en la cárcel de Forest Bank hizo un agujero en la pared de su celda para poder alcanzar y agarrar un avión no tripulado.

"Usted jugó un papel principal en la organización y ejecución de estos delitos mientras cumplía su sentencia de prisión. Hubo al menos dos incidentes de drones: son considerablemente lucrativos y sofisticados y lo que se estaba llevando a cabo era una operación organizada con usted, el presidente se sentó en una celular en A Wing y otros como sus directores operativos.

"Usted jugó un papel principal en la conspiración para ingresar contrabando, incluidas drogas y teléfonos a los presos. Sin duda, hubo una recompensa financiera importante y sus condenas anteriores actúan como una característica agravante. Usted estaba dirigiendo un negocio desde su propia celda de la prisión.

"Varios drones volaron sobre Forest Bank con un tesoro de contrabando ilícito que incluía cannabis, jeringas, esteroides, especias y teléfonos móviles.

"En una ocasión, se vio un dron volando cerca de la prisión y ese día se encontró una cantidad significativa de drogas, jeringas, iPhones, tarjetas SIM dentro.

"Una búsqueda encontró un agujero que salía de una celda que permitía al prisionero agarrar o pasar los brazos para ocultar el contrabando de un dron que revoloteaba afuera. En esencia, era un servicio de entrega de drones".

"Se descubrió que el avión teledirigido tenía 41 vuelos registrados, 22 de los cuales se encontraban en las cercanías de la prisión de Forest Bank, y cuatro de ellos recorrieron el área del ala A. No está claro cuántos fueron exitosos, pero sí una cantidad significativa de drogas. encontrado. El daño causado en incalculable ".


Daniel White, de 31 años, de Westhoughton, Bolton, se declaró culpable de conspiración para transportar artículos a prisión y fue encarcelado durante tres años y diez meses.

Sean Tierney, de 25 años y oriundo de Salford, fue encarcelado durante 28 meses luego de admitir la posesión con la intención de suministrar drogas de clase B.

Steven Roberts, de 37 años, de Salford, fue encarcelado durante siete años, cuatro y meses, y Christopher Paul, de 29, y Nelson, fueron encarcelados durante siete años y cuatro meses después de declararse culpables de conspiración para importar y suministrar drogas clase B.

Anthony Redmond, de 59 años, y Michael Madden, de 58 años, ambos de Swinton, Greater Manchester, se declararon culpables de conspiración para importar drogas clase B. Redmond tiene 20 meses y Madden 11 meses.

La cárcel ha estado en el centro de los problemas de drogas anteriores con los reclusos que afirmaban que el uso de "Especias" en la prisión había alcanzado "niveles catastróficos".

Dos inspecciones de la prisión, dirigidas por la multinacional francesa Sodexo, descubrieron que las drogas eran "de fácil acceso" y alimentaban la violencia entre sus internos.

Los jefes introducen escáneres corporales en un intento por frenar el flujo de drogas y teléfonos que ingresan a las cárceles luego de que surgieran grabaciones de violencia alimentada por drogas entre los reclusos.

En abril pasado, una guardia fue arrestada bajo sospecha de llevar un artículo prohibido a una prisión después de que se descubrieron teléfonos celulares y baterías en la cárcel. Posteriormente fue liberada sin cargos hasta que se realicen más investigaciones.

En diciembre del año pasado, Daily Rccord informó cómo una pandilla de delincuentes que contrabandeaba drogas y teléfonos a la prisión de Perth y otros en todo el Reino Unido fueron encarcelados por un total de 28 años.

12 junio 2018

La noche de los fichajes rotos

Noche aciaga para el fútbol español la del miércoles, y mina para los informadores, que encontraron inspiración, sobre todo, en los caóticos partidos del Madrid y el Barcelona. La Vanguardia, que califica de «genialidad fatídica» la decisión de Cruyff de cambiar a Julio Salinas por Alexanco en el centro del ataque, reconoce que la renuente afición del Barça respondió bien esta vez, si bien «el público empujó al Barça, pero no pudo clasificarle». A consecuencia de lo cual, seguramente, «la utopía se desvaneció en la prórroga».


Sobre el partido, o reyerta tabernaria, jugado en el Bernabéu entre los máximos rivales transnacionales, Real Madrid y Milán (al que muchos locutores perseveran en llamar Mílan), La Vanguardia se expresa con prudencia: «Si en la primera parte los madridistas equivocaron su juego (...), en la segunda el error del Madrid fue todavía mayor. No sólo perdió las ideas, sino también la cabeza». Pero son los rotativos madrileños los que, como es natural, más énfasis ponen en la descripción de la noche triste. ABC, que titula «1-0: El Madrid quiso jugar a ser héroe y sólo consiguió morir jóven», ofrece una sustanciosa crónica del partido debida a Ignacio Torrijos: «No hubo partido», dice, y añade: «No se clava un poste sin cavar previamente el agujero. El Real Madrid hizo algo peor que fallar: renunció al juego». Por eso, los jugadores blancos «vociferaron, encresparon, alborotaron. Lo justo para dar la razón a Voltaire: 'Me gustan poco los héroes; hacen demasiado ruido». El País, por su parte, abunda en lo mismo, aunque la lucha le pareció menos heroica todavía: «El Madrid se perdió en una pelea callejera». A. Martínez Roig, el cronista del partido, repara en la brutal persecución a que fué sometido Van Basten, «que era recibido con las botas bien,afiladas cada vez que recibía el balón». J.D. González, su colega de D16, abunda en los mismo y titula: «Las pinturas de guerra no asustaron al Milán». Y tampoco el fantasma del «miedo escénico»: «El Milán le levantó la sábana en ocasiones con guante de seda (Donadoni, Van Basten, Rijkaard y Baresi), y en otras apartándola de un manotazo cuando el dichoso fantasma se ponía excesivamente pesado (Maldini, Costacurta, Ancelotti y Baresi, siempre Baresi)». Por último, Ya se deshace en adjetivos melancólicos: «amarga victoria», «triste adiós», «espectáculo deplorable», y El Independiente habla de que el Madrid hizo «más teatro que fútbol». Teatro de gladiadores, qué duda cabe.

Deprimente fue, en verdad, el espactáculo que el grupito de fichajes millonarios dió sobre el césped, pero no son los del fútbol los únicos fichajes fabulosos, y así precisamente, «Fichajes millonarios», titula La Vanguardia un reportaje firmado por Sebastián Tobarra sobre lo que ganan ultimamente los ejecutivos. «La gran demanda de directivos de empresa dispara los salarios», dice Tobarra, y continúa: «Los niveles salariales del personal contratado suelen comenzar a partir de los 7 millones anuales, con fuerte predominio del segmento que abarca de los 9 a los 11 millones, cantidades por las que "fichan" el 38 por ciento de los ejecutivos. Los salarios se estan situando en las nubes, y en algunos casos, cuando se trata de supe fichajes, llevan añadidas ventajas tales como coche a cargo de la empresa, vacaciones pagadas, tarjeta de crédito disponible así como el pago de los colegios de los hijos». En plan Butragueño andan, pues, los ejecutivos: «Un banco mediano, tirando a pequeño, acaba de fichar a un ejecutivo que no llega todavía a los cuarenta años por algo más de 100 millones de pesetas anuales». Ahora bien; como el rendimiento sea el mismo que el de sus colegas del balón, lo lleva crudo el sector empresarial. Y llegamos a Stalin, del que el corresponsal de ABC en Moscú, Alberto Sotillo, habla recordando el régimen no sólo de terror, si no también de expolio históricoartístico, que instauró en la Unión Soviética. Los cuadros desaparecían como las personas, como pueden dar fe los miembros de la Comedie Francaise, que luego de visitar la Galería Tretiakov de Moscú y «expresar su admiración por el lienzo "Paisaje sobre el río Oka" de Vasili Polenov, tuvieron la sorpresa de que al volver al hotel se encontraron de nuevo con su cuadro favorito, que el Gobieno soviético les regalaba».

03 junio 2018

Una familia de paranoicos

Como Nicolae Ceaucescu no cobra salario alguno, todos sus gastos se pagan de dos cuentas secretas, pertenecientes al comité central del partido y la otra a la Securitate. En general, el partido paga el alojamiento y la Securitate todo aquello que pudiera considerarse relacionado con su seguridad, incluyendo la manutención y el vestuario. Las secciones de la Securitate determinaban y conseguían todo aquello que Ceaucescu pudiera considerar adecuado ponerse: sombreros cerrados, tipo fedora, para el despacho y gorros de estilo Lenin para visitar las fábricas; abrigos de tweed hechos a medida y chaquetas de invierno forradas, de estilo soviético; trajes de vestir de material británico importado y ropa para ir de caza, de estilo alemán; para los piés, calcetines de seda, zapatillas de ante, y zapatos Oxford de color negro y punta en forma de ala. Toda la ropa de Ceaucescu se introduce en bolsas de plástico transparente, selladas con aparatos eléctricos de alta frecuencia. Luego se deposita en un almacén climatizado próximo a su residencia de Bucarest, donde la norma es tener existencias suficientes para todo un año: 365 trajes, 365 pares de zapatos, etcétera. Todo lo que ya se ha puesto una vez se marca con tinta de color, para no volverlo a utilizar por equivocación, y luego se quema en un horno. Cuando sale de viaje, su ropa usada se marca al final del día, como de costumbre, pero luego se guarda en baúles especiales para llevarla de nuevo a Bucarest a que la quemen. En 1974 se crearon secciones especiales de ropa femenina para Elena, que no tardó en tener también reservas para tres meses. Sin embargo, Elena se cansó de las extrictas normas de seguridad y empezó a hacer trampas añadiendo a sus ropas de confección rumana otro suministro importado de París y Londres.


También hizo trampas al pedir que algunas de sus prendas favoritas no fuesen marcadas y quemadas. En verano de 1978, su almacén de ropa era ya casi tres veces mayor que el de Ceaucescu. Durante muchos años, Nicolau Popa, ingeniero químico, se dedicó a proteger la ropa y la persona de Ceaucescu de cualquier contaminación química, radiactiva y bacteriológica. Sus tareas principales consistían en garantizar el transporte seguro del equipaje de Ceaucescu, desinfectarlo todo, instalar detectores de radiación por todas partes y efectuar análisis químicos de su comida, sirviéndose de un laboratorio portátil. Popa tenía también la responsabilidad de llevar toda la comida que Ceaucescu fuese a ingerir durante sus viajes, transportándola en frigoríficos especiales sellados. Después de llegar a la Blair House, el edificio de Washington que se usa para alojar a los dignatarios visitantes, Popa comenzó depositando sus envases de comida en una habitación próxima a la cocina y puso a uno de sus subordinados de guardia día y noche. Luego Popa y un guardaespaldas trasladaron al segundo piso varios baúles grandes. Iban llenos de almohadones, sábanas, toallas y albornoces esterilizados, así como de alfombras de baño y cameras. Antes de hacer nada, Popa y su acompañante, lavaron y desinfectaron los suelos, alfombras y muebles del dormitorio, el cuarto de baño y la biblioteca, secándolos con un secador portátil. Quitaron toda la ropa de cama y baño, sustituyéndola por la de los baúles, que traían en cantida suficiente para toda la visita. Todas esas operacciones tenían que repetirse religiosamente cada mañana. Luego Popa instaló detectores de radiación ocultos en todas las habitaciones de la suite presidencial. Hasta que no estuvo preparado todo esto, no trasladó Popa los baúles de ropa al interior de la Blair House.

«¡Hip, hip, hurra! ¡Hip, hip, hurra! Por nuestro mejor ministro de exteriores. Y por mi mejor amigo», gritó Nicu Ceaucescu, ahora en pie y guardando un incierto equilibrio. Se puso detrás del asiento de Stefan Andrei, el secretario para asuntos económicos y se puso a cantar «cumpleaños feliz, cumpleaños feliz» mientras vertía generosamente güisqui escocés sobre la cabeza de Andrei. «Cuando mi viejo la diñe y la palme mi vieja, te haré mi primer ministro. Y a ti, Pacepa, de asuntos exteriores. Sois todos mis amigos». Apoyándose en la mesa con una mano, mientras con la otra se limpiaba el güisqui de la cara, Andrei se puso en pie. «En primer lugar, quiero darle las gracias a Ceaucescu por esta confianza que demuestra en mí, así como garantizarle a través de su hijo y de vosotros, camaradas, que no voy a traicionar su confianza. En segundo lugar, quiero darle las gracias a nuestro partido comunista por la ayuda que me ha brindado para llegar a este puesto». Embotado por el alcohol, con güisqui goteándole por el pelo y la cara, Andrei tenía un aspecto lamentable -parecía totalmente distinto de quien era en su despacho-. Entró un camarero con una bandeja de plata llena de ostras. «Ponla ahí, en medio», le ordenó Nicu, señalando a la mesa. «¿Están aliñadas?». «Son frescas y crudas, camarada Nicu», contestó el camarero. «Pues hay que aliñarlas, so imbécil. Esto no es una casa de gatos, es un club para VIPs».

Se encaramó precariamente a la mesa y se puso a orinar sobre las ostras, cuidando de «aliñar» todas ellas. «Vamos camaradas, tomemos una ostra», dijo para animar a los invitados mientras intentaba, sin éxito, coger una para él. Andrei y el coronel Pacoste, primer ministro suplente, tardaron un buen rato en conseguir que Nico volviera a sentarse. «¿No coméis ninguno? ¿A quién no le gusta mi aliño? ¿A nadie? Pues entonces, las lavaré». Y Nicu cogió un sifón y se puso a remojar las ostras, dirigiéndolo también hacia los que estábamos sentados a la mesa Andrei y Pacoste, que estaban medio borrachos, lo encontraron divertido. El coronel Burtica, el ministro de comercio exterior y los demás, que estaban casi sobrios, intentaron protegerse en la medida de lo posible. A eso de las tres de la madrugada, terminó por fin la fiesta. Dos camareros y tres chóferes se las vieron y desearon para ayudar a y Pacoste a introducirse en sus coches. Yo me fui con Burtica, que estaba piripi pero todavía era capaz de caminar. Dejamos a Nicu empujando a una camarera hacia el borde de la mesa mientras le rasgaba la blusa. «Quiero follarte aquí mismo. Aquí encima de la mesa, so puta».

«Pobre camarada. Como si no tuviera bastante con Washington y la Casa Blanca. Ahora tienen que ir a Londres, dormir en un palacio real y dejar que la reina le mire por encima del hombro como si fuese un pariente pobre», se compadecía Ion Coman, el secretario para las Fuerzas Armadas y la Seguridad. El coronel Burtica se puso tieso. «Pero, ¿qué se cree usted que somos, Coman? ¿Trogloditas? El pueblo de Rumanía ha sido capaz de darle al camarada más de veinte años de lo que le ha dado el imperio británico a su dinastía regia en todo un milenio. ¿Cuántos despachos tiene la reina? Uno, Coman. Nuestro camarada tiene tres y uno es el antigüo Palacio Real. ¿Cuántas residencias oficiales tiene la reina? Tres, Coman, no tiene más. El camarada tiene cinco. Cinco, Coman. Y eso sin contar las treinta y nueve casas para huéspedes especiales que le construimos en cada uno de nuestros distritos. «Y veintiún apartamentos presidenciales en nuestras embajadas», añadió Stefan Andrei, con gran estrépito. «Allí no pisa nunca nadie. Son sólo para el camarada». «¿Cuántos aviones particulares te cres tú que tiene la reina?», prosiguió Burtica. «Pues dos, Coman, no tiene más. El camarada tiene nueve. Y tres helicópteros. Todos bien preparados, con apartamentos, salones y despachos presidenciales. ¿Cuántos trenes personales tiene la reina? Uno, Coman, sólo uno, y, además, viejísimo. El camarada tiene tres. Y no tres vagones, sino tres trenes completos y bien modernos. ¿Cuántos hospitales propios tiene la reina? Ninguno, fíjate tú. El camarada tiene uno para él solito. Y médicos que sólo se ocupan de él y de su familia». «Y eso sin contar el nuevo Centro Administrativo», añadió Coman, con orgullo, mientras llenaba un vaso de güisqui escocés y se lo bebía de un solo trago. «Tienes razón, Coman», reconoció Burtica. «¿Tú crees que la reina puede demoler el centro de Londres para construir palacios para ella y para su gobierno? Pues nosotros sí, camaradas. Y lo vamos a hacer. Y lo llamaremos Centro Administrativo Nicolae Ceaucescu». «Yo voy a Londres con el camarada», dijo Stefan Andrei. «Me lo acaba de decir. Me ha dicho que vamos a hospedarnos en el palacio de Buckinghan. ¿Es verdad eso, Pacepa?». «Sí, es verdad». «Estoy deseando verme allí, donde reinó casi sesenta y cinco años la reina Victoria. Como ministro de asuntos exteriores, tendrán que darme uno de los mejores apartamentos del palacio. Estoy deseando mearme en muros imperiales y en los muebles del rey Jorge IV».

Mihai era un joven corresponsal de Lumea(El mundo), una revista rumana sobre política exterior. Algunos meses antes, la vigilancia y escucha microfónica que Elena Ceaucescu me había ordenado realizar con su hija, Zoia, reveló que Mihai se había convertido en su amigo preferido. Elena lo había rechazado mucho antes de que Zoia emperaza a hablar de él. Para empezar, los padres de Mihai eran demasiado insignificante, incultos y sin estilo. «Fíjate qué andares tiene. Ella es patizamba y culona y tiene los pies torcidos hacia adentro», solía decir Elena, examinando las fotos y películas clandestinas que se hacían de los padres de Mihai. Sin embargo, fue el día que vio por primera vez una foto de Mihai con pantalones vaqueros cuando empezó a detestarlo verdaderamente. «Qué mal gusto», sentenció, tras lo cual también Mihai pasó a estar vigilado continuamente. El odio que Elena sentía por él fue yendo a más, alimentado por los bocaditos de los pinchazos telefónicos, de las transcripciones microfónicas, y de las películas que se filmaban de sus encuentros sexuales con Zoia. La simple mención del nombre de Mihai llegó a bastar para poner nerviosa a Elena. «No estoy dispuesta a permitir que ese hijo de puta siga aquí un sólo día más. Podría matarlo como a un mosquito. Un accidente de automóvil o algo así. Pero la tonta de mi hija lo podría convertir en un gran drama. Quiero que lo manden al extranjero y que lo dejen allí para que se pudra», dijo Elena, con voz súbitamente agriada. «Estoy harta de tener pesadillas sobre él noche tras noche». Fue a Guinea, a Africa, a donde Elena quiso deprotar a Mihai. «¿Te acuerdas de cuando estuvimos en Conacky?», preguntó. «El embajador nos contó que a uno de nuestros técnicos de tractores se le había abierto la cabeza como a una sandía. Luego se vio que estaba llena de larvas y gusanos. «¿Recuerdas que el embajador dijo que allí había no sé qué insecto que ponía sus huevos a través de la piel de la cabeza de la gente? Pues quiero una foto de la cabeza de Mihai abierta como un melón».

30 mayo 2018

Comienza la cacería rumana

Ha comenzado la «gran cacería». Coincidiendo con la difusión de las imagenes de la ejecución del ex presidente Nicolás Ceaucescu y de su esposa Elena, el «Consejo del Frente de Salvación Nacional» que gobierna Rumanía ha anunciado la constitución de tribunales militares extraordinarios para juzgar a los implicados en «actos terroristas». Aunque se sigue hablando de «comandos libios e iraníes expertos en guerrilla urbana», cada vez está más claro que los denominados «terroristas» son tan solo un puñado de agentes de la «Securitate», que disparan tratando de huir o por temor a ser linchados por la multitud.

A pesar de su tenebroso historial represivo, el grueso de las fuerzas de la «Securitate» se unió desde las primeras horas, al menos oficialmente, a la «revolución». A partir de ahora, en lugar de tener carácter autónomo, pasan a depender del ministerio de Defensa. En tiempos de Ceaucescu los mandos de la policía política tenían más poder, mejor paga y muchos más medios que los militares. Los juicios se realizan por el procedimiento de urgencia y las sentencias, casi siempre el fusilamiento, se aplican de forma inmediata. Tras una semana tumultuosa en la que se han producido millares de muertos, centenares de incendios y ha saltado en pedazos uno de los régimenes más surrealistas y opresivos del mundo, Rumanía recupera la normalidad.


Ayer, por primera vez, la población ha retornado al trabajo. Hay vehículos blindados, soldados, policías y controles por todos lados, pero las calles estan siendo limpiadas de escombros y los desabastecidos comercios reabren sus puertas. Una de las primeras mediadas del nuevo Gobierno ha sido derogar la prohibición del aborto y la odiada «Ley de Sistematización», por la cual estaban siendo arrasados todos los pueblos con menos de 3.000 habitantes y sus habitantes concentrados en «granjas-industriales». Junto con la autorización del aborto se elimina la obligatoriedad que pesaba sobre todas las mujeres de llevar al día una «ficha ginecológica» y pasar regularmente exámenes sexuales. La medida, impuesta personalmente por Elena Ceausescu, tenía como objeto estimular la natalidad entre la población «racialmente rumana». Los Ceaucescu insistían en que Rumanía es una «isla latina» en medio de un «amenazador mar eslavo». Sostenían que para sobrevivir como nación era necesario que aumentara el porcentaje de «descendientes del cruce de dacios y legionarios romanos», en detrimento de las minorías de origen húngaro, alemán o gitano.

22 mayo 2018

Lo tiene todo, tirano, cinico y estupido

EL final del tirano rojo», ha titulado The Sun. Habrá que destruir rápidamente las fotos tomadas en 1978, cuando el Gobierno británico le recibió con toda la pompa, la Reina Isabel le condecoró con la Gran Cruz de Caballero y el rumano impuso en el pecho de la soberana la Estrella de la República de Rumanía. Qué bonita, aquella foto, el matrimonio Ceaucescu de gran gala flanqueado por la Reina Isabel y su esposo. Dicen que aquel fue el gran día de este comunista primario: pudo cumplir su sueño de dormir en Buckingham Palace. Según se ha sabido, los ingleses le dieron el gusto porque querían colocarle, y lo consiguieron, 82 aviones de combate sin preguntarse a quién machacaría con ellos. «Creíamos sinceramente que Ceaucescu podría ser un líder comunista moderado», han dicho ahora sin sonrojo funcionarios del Foreing Office, mientras siguiendo instrucciones del Gobierno la Reina Isabel cancelaba el título de Caballero y devolvía, no se sabe a quién, la condecoración que le impuso el líder rumano. No es sólo el Reino Unido el que le dio a Ceaucescu honores con los que ensorbecerse. Al que ahora, y con razón, se califica de sátrapa, genocida, ser abyecto, stalinista y rata de cloaca, le impusieron condecoraciones y quedaron bien lucidos los máximos dignatarios de Francia, la República Federal de Alemania y Suecia, por citar algunos países sin sospechas de concomitancia con lo que el dictador rumano representaba. Y pásmese: de «puente entre las naciones con puntos de vista diferentes» le llegó a calificar Carter cuando le recibió en la verde pradera dela Casa Blanca. Puede que tratase de venderle más aviones.


Tal vez le condecoró también España. En los años de Suárez en la Moncloa, la raza de los servidores del Estado español, que como todos los servidores del Estado igual ponen la estampilla bajo la democracia que bajo la dictadura, sonrieron a Ceaucescu y a su esposa Elena, les rieron las gracias y levantaron con ellos su copa de champaña francés. En aquella jornada histórica en la que el presidente de una restablecida democracia y el representante de una sólida dictadura estrecharon sus manos con la hipocresía típica de estos casos, los Ceaucescus camparon por sus respetos por los salones de la Moncloa. Que se sepa, sólo la esposa de aquel truhán mexicano que alcanzó la presidencia, López Portillo, se portó durante su visita a España con la desfachatez de Elena Ceaucescu. Si para la mexicana hubo que buscar un tipo de tapa especial para la taza del wáter, derribar en Canarias el tabique de la suite del hotel porque no entraba el piano de cola que había pedido y enviar en avión especial desde Canarias a Barcelona el sujetador que la dama se había olvidado y sin el cual se negaba a asistir a la cena de gala, la rumana se paseó por los despachos de la Moncloa como si fuese su casa: del despacho presidencial en el que se había metido sin que nadie lo advirtiese la sacó un ujier que la encontró bajándose la falda. Igual se había metido entre las bragas un candelabro o un pisapapeles.

Ya se sabe que estos autócratas son como niños y una vez tienen un par de centenares de millones de dólares en un banco suizo llevan su obsesión cleptómana hasta los portalámparas. Puede pensarse que en aquellos años la diplomacia española creía que este matrimonio no era tan perverso com ya anunciaba Amnistía Internacional. Para el despiste español cabe también el justificante de que después de haber servido al franquismo, al espíritu del 12 de febrero y a la transición, un ministro de Exteriores como Marcelino Oreja debía estar un poco desorientado sobre el papel que interpretan los diferentes actores. Situémonos en un domingo de finales de hace justo un año. Lugar, Barcelona. Han terminado las jornadas sobre la perestroika celebradas en el CIDOB y unas pocas personas comen en el reservado del restaurante Jaume de Provenza. En un momento dado de la distendida conversación, sale el tema de Rumanía. Fernando Claudín, Xavier Rubert de Ventós, Carmen Claudín, Josep Ramoneda, critican la fiebre remodeladora de Ceaucescu, que aniquila barrios y pueblos enteros, con traslados forzosos de población. Fernández Ordoñez calla y escucha.

De repente, un fiel servidor del Estado que puedo identificar como asesor de la Moncloa para política exterior, decide abrir la boca y deja helado al personal al afirmar que en torno a la figura de Ceaucescu hay orquestada una gran campaña y que todo eso de las barbaridades que está haciendo con el país hay que ponerlo en cuarentena. Qué sagacidad. Si la visión política de los asesores de la Moncloa sobre temas exteriores es de este calibre hay que preguntarse por qué no los despiden a todos y ahorran gastos al erario público. Aquel cretino, con perdón, sólo calló a regañadientes cuando una Carmen Claudín huracanada le vino a decir que lo que él estaba defendiendo era impresentable, y suerte que el ministro acabó rápidamente con el postre y así pudo levantar la sobremesa. Pobre Ceaucescu, pobre Elena. Tan autócratas, tan stalinistas, tan abyectos, tan mimados por los que debían repudiarlos y unas veces por cinismo, otras por venderles armas, otras por estupidez, estrechaban sus manos y decían que sí, que Nicolae era comunista pero que era un tipo abierto. Coño. Un tipo abierto.

Monseñor Laboa tenía un despacho pequeño pero clave en una de las congregaciones poderosas del Vaticano. Monseñor Laboa a poco que el prefecto le dejase tranquilo te subía a la terraza del edificio, ubicado en una esquina de la Plaza de España, y te enseñaba el maravilloso paisaje de las casas romanas vistas desde arriba, terrados multicolores en los que hay desde gallineros a pseudobabilónicos jardines colgantes. Monseñor Laboa era un curial progresista que tomaba café en el bar ubicado frente a la Embajada de España, nadaba en la playa vaticana en la que los monseñores se tuestan al sol mientras hablan de los últimos chismes, no sentía ninguna simpatía por Marcinkus y sabía comer bien en el Mario de la Via de la Vite, donde degustaba excelente cocina toscana. Tengo el recuerdo de una tarde romana en la iglesia española de Nuestra Señora de Montserrat, con un Laboa sonriendo divertido al lado del cardenal Tarancón, que después de beberse un coñac y fumarse un habano analizó el Sínodo recién terminado y no ahorró ninguna ironía al analizar el pensamiento del Papa polaco. Monseñor Laboa era un prelado de peso en la Curia.

Un prelado lo suficientemente incómodo como para ser amigo de O'Keefer, el jesuita brazo derecho de Arrupe al que el golpe de estado del Papa apartó del poder. A Monseñor igual se lo querían quitar de encima en Roma y le ascendieron enviándole de nuncio a Panamá aún a sabiendas que no era un nuncio como Laghi, que en Argentina jugaba al tenis con Videla, o como Innocenti, un «sí, señor» amigo del Opus Dei que vino a España a poner orden tras la apertura de Dadaglio. Gino Belleri, el de la librería Leoniana, un pauliniano que ya ha visto pasar seis papas sobre los puentes del Tíber, debe disfrutar mucho estos días imaginando a su gran amigo Laboa tomándose cafés con Noriega En el Vaticano alguien debe preguntar quién tuvo la ocurrencia de mandar a este hombre nada menos que a Panamá.

14 mayo 2018

Libertad bajo vigilancia

Único país de Europa oriental sin ningún corresponsal permanente al extranjero, desde que un redactor de la agencia de noticias estatal, Agerpress, decidiese quedarse a vivir en París en 1976. He citado a Rumania porque la dictadura de Ceaucescu proporcionó algunos de los ejemplos más absurdos de restricciones contra la prensa. Pero también podía haber mencionado a cualquier otra nación del «bloque».


El primer país que escapó a esta especie de esclavitud periodística fue Hungría. Poco a poco, la prensa húngara empezó a autocensurarse menos y a informar más independientemente. Las autoridades, por su parte, aprendieron una nueva y relativa tolerancia. La prensa, en muchos aspectos, se parece mucho a la occidental, en sus investigaciones, sus frecuentes entrevistas con antiguos disidentes y su elemento sensacionalista. En efecto, Rupert Murdoch ha comprado el 50% de una de las publicaciones más sensacionalistas y más populares, Reform. La televisión húngara se ha vuelto igualmente atrevida. Por ejemplo: emitió un documental sobre la muerte de Imre Nagy, primer ministro durante la rebelión fracasada de 1956, antes de que éste fuese oficialmente rehabilitado por el Gobierno. Pero la situación de la televisión se ha complicado recientemente, en vísperas de las primeras elecciones libres en más de 40 años. En los últimos días, Imre Pozsgay, uno de los líderes del partido gobernante, el socialista -quien también, no lo olvidemos, es el responsable de la campaña electoral de los socialistas- ha abandonado su control de la radio y la televisión, después de ser acusado de haber intentado hacer de los medios electrónicos su propio portavoz. Uno de los mejores periodistas del país, Endré Aczél, fue destituido de su puesto de jefe de información de la televisión, y el nuevo equipo en el departamenteo de noticias está compuesto, según varias fuentes, de grises estalinistas.

Esta ambivalencia se refleja aún más obviamente en el siguiente país que «cayó», es decir, la Unión Soviética. De momento, Mijail Gorbachov se enfrenta a los problemas más graves desde su llegada al poder: la economía y la violencia en varias regiones de la nación. Pero su política de «glasnost» o apertura -la que, en fin de cuentas, ha permitido estas nuevas reclamaciones nacionalistas- también ha representado un cambio radical para los periodistas soviéticos. Ya casi no hay tabúes para la prensa. Pero la pregunta persiste: ¿hasta qué punto sigue el Gobierno soviético considerando a los medios de comunicación como lo hizo el propio Lenin, es decir, como los fieles propagadores de la linea del Partido Comunista (la cual, en este caso, es de «glasnost)»? Hay que recordar que Gorbachov ha advertido varias veces a los directores de periódicos y ha intentando forzar la dimisión del director de Argumenty i Fakty. Polonia ha sido el siguiente país en adoptar reformas. El año pasado, un primer ministro no comunista fue elegido por primera vez en 41 años. Tadeusz Mazowiecki es periodista y ha prometido públicamente asegurar que la libertad de prensa sea la regla y no la excepción. Se han abolido las restricciones sobre la creación de nuevos periódicos, y varias publicaciones nominalmente independientes han aparecido, como Gazeta Wyborcza (cuyo director, no obstante, es el destacado diputado de Solidaridad, Adam Michnik).

Después vino el derrumbamiento histórico del muro de Berlín, hecho realmente inconcebible semanas antes. Es verdad que los alemanes orientales ya habían tenido acceso a fuentes de información independientes, porque casi toda la población -salvo los que vivían en un área alrededor de Dresde apodamada «El valle de los ignorantes»- podía ver la televisión de la República Federal de Alemania. Pero una vez parcialmente liberada la sociedad del yugo del Partido Comunista, los medios de comunicación del lado oriental soltaron las cadenas que les habían estrangulado durante tantos años. Fue la televisión de la RDA, en efecto, la que empezó las investigaciones de la corrupción del régimen de Erich Honecker, el cual ahora espera su proceso, acusado de traición. Por primera vez en su historia, los alemanes orientales prefieren ver sus propios canales de televisión, y con razón: hay toda una serie de programas como «Aktuelle Kamera» que tratan de temas antes «intocables» como el aborto.

Los propagandistas comunistas como Karl Eduard von Schnitzler, qué había lanzado su propio programa, «Der Schwarze Kanal» (El canal negro) en los años 50 para contrarrestar la influencia de la televisión de la RFA, han sido destituídos de sus puestos. Sin embargo, lo que hay que subrayar es que un visitante a Berlín oriental no se encuentra con una euforia total, sino con inquietud por el futuro, por el grado de control que siguen ejerciendo los comunistas, allí llamados Partido de Unidad Socialista (SED), que bajo Honecker alabó la matanza de los estudiantes desarmados en la plaza de Tiananmen. Inquietud, también, por las consecuencias de una posible reunificación de las dos Alemanias. Lo que sí está claro es que los medios de comunicación en Alemania oriental han sufrido una tremenda transformación. Hace meses, periódicos de la iglesia y versiones alemanas de publicaciones rusas fueron confiscados o prohibidos, y varios corresponsales extranjeros, expulsados del país. Ahora, todo ha cambiado. Klaus Wilczynski, corresponsal diplomático y político del diario Berliner Zeitung, me dijo en Berlín oriental que hay «libertad de prensa al 120%. Puedes escribir exactamente lo que quieras». Su periódico desempeñó un papel importante en la revelación de la corrupción de Honecker. HansJoachim Koppe, del diario cristianodemócrata Neue Zeit, está de acuerdo: «Los muchos tabúes que se establecieron han sido demolidos». Este mes, las autoridades de la RDA han anunciado que, desde ahora, los corresponsales extranjeros son libres de viajar donde quieran y hablar con quien quieran.

¿Por qué la falta de euforia generalizada, entonces? Mathias Ebert, alto mando en la televisión, me dijo que temía que las cosas se moviesen demasiado rápidamente: «Quizá nuestra sociedad no esté preparada para tales sacudidas». Los nuevos partidos de la oposición exigen acceso igual a la prensa, radio y televisión, que consideran todavía demasiado controlados por las autoridades. En efecto, a pesar de los enormes avances hacia la libertad de expresión, casi todos los periódicos son propiedad del SED. Pero estos días varios periodistas han asumido el control de un diario regional -Das Volk, en la ciudad de Erfurt en el sur- y han creado, llamándolo Thüringer Allgemeine, el primer periódico reaknente independiente del país, libre de conexión con partidos políticos. Wilczynski me dijo que la Berliner Zeitung «seguramente» haría lo mismo.

07 mayo 2018

La capital del estres

La obra había llegado a su momento cumbre. Juan gozaba en el patio de butacas. Hacía tiempo que no podía disfrutar de una noche de teatro. El silencio en la sala era sepulcral. De pronto se escucharon varios incómodos pitidos provenientes de la chaqueta de Juan. Se puso de todos los colores y salió rápidamente de la sala. Su empresa le requería con urgencia. Juan es uno de los casi 10.000 madrileños stressados que tienen un corazón metálico llamado «busca». Ni que decir tiene que aquel que nunca haya oído hablar de «los buscas» tampoco ha experimentado qué se siente al saberse siempre «localizable» en cualquier punto de la ciudad. El «busca» es un pequeño transmisor de mensajes que funciona con una pila y que emite por frecuencia modulada con un radio de acción de cuarenta kilómetros. Desde el centro de Madrid una persona puede ser localizada en cualquier punto de la ciudad.


La red actual permite «encontrar» al cliente en cualquier ciudad dormitorio cercana. Alcorcón, Leganés, Alcobendas y otros importantes «pueblos» están bajo el tiro de las telefonistas de las empresas de «buscas». Para muchos ciudadanos «stressados» este aparato se ha convertido en compañero inseparable que les recuerda que no tienen derecho a la vida privada. Puede sonar en cualquier momento: en una fiesta, en el baño o incluso en situaciones más comprometidas. Es un invento inglés confeccionado con materiales electrónicos japoneses. En países como Estados Unidos o Inglaterra su utilización es algo tan común como la hamburguesa o un embotellamiento. Los primeros «buscas» aparecieron en Madrid hace tres años. Eran digitales, traídos de la mano de la empresa española Telemensaje, S.A. Esta compañía es en la actualidad la reina de este mercado, ya que afirman que tienen un 50% delos usuarios nacionales. Madrid es, sin duda, la capital de estas conciencias electrónicas. Del total de 20.000 abonados en todo España, más de la mitad se encuentra en Madrid. Los centros de operaciones trabajan 24 horas al día sin interrupción. Una compañía como Telemensaje recibe en Madrid una media de 6.000 llamadas diarias en su centro de la capital de España.

Amparo Piñar, técnico comercial de Telemensaje, afirma que aunque los avances en este sector han sido muchos, de momento sólo las grandes ciudades españolas como Madrid, Barcelona y Sevilla, poseen la cobertura técnica necesaria para satisfacer las necesidades de los usuarios del aparato. En Madrid éstos vienen a ser los mismos que en otros paises y ciudades españolas. Médicos, cirujanos, periodistas, empresarios, ingenieros y abogados, así como las empresas de seguridad, y las de mantenimiento de instalaciones, son las preferidas de los «buscas». Profesionales «esclavas» en las que hay que estar siempre localizable. Los médicos tienen aparatos incluso para ser localizados dentro de los grandes centros sanitarios. El Ramón y Cajal y La Paz tienen sistemas propios para encontrar al personal sanitario. La dinámica de obtención y uso de esta ya reconocida herramienta de trabajo es fácil. Las empresas dedicadas a la venta y distribución de los receptores tiene una amplia gama adecuada a las necesidades del cliente. En los precios también «hay clases». Si lo que pretende es comprar el transmisor, este cuesta alrededor de 32.000 pesetas, precio que podrá variar dependiendo de la sofisticación del modelo. La otra posibilidad es alquilar un receptor, previo pago de 10.000 pesetas. Para todos los usuarios existe una cuota mensual obligatoria desde un mínimo de 3.000 pesetas en adelante.

Una vez satisfecha la elección de su «busca» y los correspondientes pagos, el cliente recibe un número de clave que servirá para localizarle en cualquier momento. La empresa que controla el «busca» posee un centro emisor computerizado, a través del cual se hacen llegar los mensajes al usuario. Amparo Piñar, técnico comercial de Telemensaje, afirma que para el año 1990 habrá que conseguir que los «buscas» puedan cubrir técnicamente todo el territorio nacional, ampliándose el radio de acción de los mismos a unos cien kilómetros. Eso permitirá que puntos de la Comunidad hasta los que ahora no llegan sus señales, como pueden ser algunas zonas de la sierra, podrán recibir el «pitido fatal».
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