07 abril 2013

Nadal con sus esperanzas en Mexico

Me ha sorprendido el triunfo de Nadal en México. Después de reaparecer en dos torneos menores, la final en Acapulco contra un jugador tan rocoso como Ferrer era el primer test serio. Lecciones para la escéptica sociedad española.

1. Paciencia. Julio, 2012, Wimbledon. Primera ronda. Hasta fecha tan lejana hay que remontarse para encontrar el último partido oficial del campeón español. Desde entonces, sus rodillas le obligan a una estresante parada en boxes. Descartado el Open de Nueva York de septiembre, aspiraba a competir en el abierto de Australia. Su gozo en un pozo. 

La prudencia y su estado físico aconsejó no forzar el ritmo volviendo a las pistas en el terreno más amable para Nadal, la tierra. En el interim, cinco meses sin tocar la raqueta y dos de entrenamientos para recuperar un nivel competitivo. Para un hombre hiperactivo esta espera ha debido de ser una tortura que solo con espíritu maratoniano se puede superar. La esperanza es una virtud de personas fuertes y optimistas, y es difícil que Nadal la pierda por duro que sea el tortazo.

2. Tranquilidad. Para un deportista que tiene en su fortaleza mental, en su diálogo interior, su mejor golpe, las dudas producto de una lesión delicada y recurrente son el peor contrincante. Acostumbrado a trabajar y correr a tope, esta vez el partido es de otra índole. Obligado por las circunstancias toca parar, descansar… y probar. El dolor persiste, su cuerpo no le da buenas sensaciones. Éste es un enemigo que aflora dudas sobre su carrera. Enganchado al presente, viviendo día a día, sortea nubarrones que presagian lo peor. Los interrogantes sobre el futuro, si uno se va tan lejos, provocan ansiedad. Si uno se queda en el presente, asume su situación, y hace sus deberes, la confianza tiene una oportunidad.

3. Valor. Animado por la respuesta de su cuerpo, despeja la incógnita y se larga a Indian Wells y Miami. Ahí le espera una superficie más dura, rápida y agresiva para sus articulaciones, y una competencia feroz. Lo fácil, volver a Europa y preparar con calma la temporada de tierra. Lo difícil, arriesgarse, exponerse a una derrota dolorosa, o lo que es peor, a una recaída frustrante. En ese dilema decisorio vence la intuición de Rafa. Escucha a los miembros de su equipazo, pero al final prevalecen las razones de su corazón. Quien no se moja no cruza la mar.

4. Incertidumbre. ¿Quién se atreve a pronosticar cómo va a ser el resto de 2013? ¿Ganará en su casa, Roland Garros? ¿Y Wimbledon? ¿Flushing Meadows? Nadie conoce la respuesta, lo que no obsta para que él siga haciendo lo que está en su mano. El camino es la meta. Expresión sabia y sencilla que aconseja ir paso a paso. Punto a punto, partido a partido, el camino nos irá mostrando metas realistas, ambiciosas y adecuadas a nuestra condición. El camino no es un mero instrumento para alcanzar un determinado fin. El mismo se autoexplica, tiene valor per se. Y cuanto más se respeta y disfruta su naturaleza e identidad, más generoso se muestra indicando horizontes nuevos. Si en el camino Rafa siente otra vez sus golpes y recupera su estado de alerta mental, no hay límites.

En buena medida todos estamos obligados a doctorarnos en las cuatro materias comentadas. Si como Rafa somos capaces de estirar nuestro umbral de dolor, esperar con paciencia nuestro momento, resolver nuestras dudas trabajando, decidir, actuar y asumir con naturalidad la incertidumbre consustancial al devenir humano, el futuro se irá despejando poco a poco. No es un test de inteligencia, sino de carácter, y éste es el músculo que toda crisis pone a prueba. En palabras de Romain Rolland: "Aborrezco el idealismo cobarde que aparta los ojos de la miseria de la vida y las flaquezas del espíritu. Hay que decírselo a un pueblo harto sensible a las engañosas ilusiones de las palabras sonoras: en el mundo solo hay un eroismo ; ver el mundo tal cual es, y amarlo. En esta época de cobardes que tiemblan ante el dolor y reivindican con estrépito su derecho a la felicidad propia, que a menudo no es sino la desgracia ajena, osemos mirar al dolor cara a cara y vencerlo. Una y otro, la alegría y el dolor, forjan el mundo y llenan las grandes almas". El deporte sabe de ambos, y cuando asumes los dos con naturalidad y humildad, juegas en otra liga, la de Rafa. A ver si España se anima y subimos en el escalafón internacional.

El futuro se irá despejando si esperamos con paciencia nuestro momento y resolvemos nuestras dudas trabajando.

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