02 octubre 2012

El marketing ante todo


Sus aprensiones no eran vanas. Considerado como un experto tecnócrata, Büchi sabía mucho de balanzas de pagos, reducir el déficit fiscal, pero casi se había olvidado por completo de sus clases de marketing. Aquellos meses que se dedicó a reflexionar acerca de su candidatura, Büchi no abandonó su inveterada pasión por el yogur, la costumbre de correr quince kilómetros diarios y hasta escaló el cerro Aconcagua, que con sus 7.000 metros pasa por ser el más alto del continente. También practicó el vuelo en ala delta y la equitación con su caballo Oligarca.

Entonces volvió cargado de asesores, de «ideas nuevas», un eslogan («Büchi es el hombre») y spots de televisión que, en algunas ocasiones, rozaron el ridículo. En uno de ellos, sus propagandistas tomaron la música de la cinta Memorias de Africa, remplazaron a Robert Redford por Büchi y rindieron culto a su imagen juvenil como si se tratara de un concierto rock o de un tenista en las finales de Wimbledon. De ongen suizo y yugoslavo, casado y con dos hijas, Büchi mantiene una estricta reserva sobre su vida privada. Nunca se le ha conseguido arrancar una palabra sobre la simpatías que profesaba en su época de estudiante por el grupo radical Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR), ni sobre los rumores que le vinculan sentimentalmente a diversas mujeres, entre ellas su profesora de equitación, Bárbara Barone. Büchi ha tenido que aprender en estos meses a abandonar el silencioso despacho del tecnócrata para cambiarlo por el tono mitinero y agresivo de un candidato en campaña.

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