07 mayo 2018

La capital del estres

La obra había llegado a su momento cumbre. Juan gozaba en el patio de butacas. Hacía tiempo que no podía disfrutar de una noche de teatro. El silencio en la sala era sepulcral. De pronto se escucharon varios incómodos pitidos provenientes de la chaqueta de Juan. Se puso de todos los colores y salió rápidamente de la sala. Su empresa le requería con urgencia. Juan es uno de los casi 10.000 madrileños stressados que tienen un corazón metálico llamado «busca». Ni que decir tiene que aquel que nunca haya oído hablar de «los buscas» tampoco ha experimentado qué se siente al saberse siempre «localizable» en cualquier punto de la ciudad. El «busca» es un pequeño transmisor de mensajes que funciona con una pila y que emite por frecuencia modulada con un radio de acción de cuarenta kilómetros. Desde el centro de Madrid una persona puede ser localizada en cualquier punto de la ciudad.


La red actual permite «encontrar» al cliente en cualquier ciudad dormitorio cercana. Alcorcón, Leganés, Alcobendas y otros importantes «pueblos» están bajo el tiro de las telefonistas de las empresas de «buscas». Para muchos ciudadanos «stressados» este aparato se ha convertido en compañero inseparable que les recuerda que no tienen derecho a la vida privada. Puede sonar en cualquier momento: en una fiesta, en el baño o incluso en situaciones más comprometidas. Es un invento inglés confeccionado con materiales electrónicos japoneses. En países como Estados Unidos o Inglaterra su utilización es algo tan común como la hamburguesa o un embotellamiento. Los primeros «buscas» aparecieron en Madrid hace tres años. Eran digitales, traídos de la mano de la empresa española Telemensaje, S.A. Esta compañía es en la actualidad la reina de este mercado, ya que afirman que tienen un 50% delos usuarios nacionales. Madrid es, sin duda, la capital de estas conciencias electrónicas. Del total de 20.000 abonados en todo España, más de la mitad se encuentra en Madrid. Los centros de operaciones trabajan 24 horas al día sin interrupción. Una compañía como Telemensaje recibe en Madrid una media de 6.000 llamadas diarias en su centro de la capital de España.

Amparo Piñar, técnico comercial de Telemensaje, afirma que aunque los avances en este sector han sido muchos, de momento sólo las grandes ciudades españolas como Madrid, Barcelona y Sevilla, poseen la cobertura técnica necesaria para satisfacer las necesidades de los usuarios del aparato. En Madrid éstos vienen a ser los mismos que en otros paises y ciudades españolas. Médicos, cirujanos, periodistas, empresarios, ingenieros y abogados, así como las empresas de seguridad, y las de mantenimiento de instalaciones, son las preferidas de los «buscas». Profesionales «esclavas» en las que hay que estar siempre localizable. Los médicos tienen aparatos incluso para ser localizados dentro de los grandes centros sanitarios. El Ramón y Cajal y La Paz tienen sistemas propios para encontrar al personal sanitario. La dinámica de obtención y uso de esta ya reconocida herramienta de trabajo es fácil. Las empresas dedicadas a la venta y distribución de los receptores tiene una amplia gama adecuada a las necesidades del cliente. En los precios también «hay clases». Si lo que pretende es comprar el transmisor, este cuesta alrededor de 32.000 pesetas, precio que podrá variar dependiendo de la sofisticación del modelo. La otra posibilidad es alquilar un receptor, previo pago de 10.000 pesetas. Para todos los usuarios existe una cuota mensual obligatoria desde un mínimo de 3.000 pesetas en adelante.

Una vez satisfecha la elección de su «busca» y los correspondientes pagos, el cliente recibe un número de clave que servirá para localizarle en cualquier momento. La empresa que controla el «busca» posee un centro emisor computerizado, a través del cual se hacen llegar los mensajes al usuario. Amparo Piñar, técnico comercial de Telemensaje, afirma que para el año 1990 habrá que conseguir que los «buscas» puedan cubrir técnicamente todo el territorio nacional, ampliándose el radio de acción de los mismos a unos cien kilómetros. Eso permitirá que puntos de la Comunidad hasta los que ahora no llegan sus señales, como pueden ser algunas zonas de la sierra, podrán recibir el «pitido fatal».

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