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Mostrando entradas de septiembre, 2017

Garibaldis de clase Z

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Diez minutos antes de que te castigue el sonido del reloj despertador, los interrogantes masoquistas sobre las torturas cinematográficas que te va a deparar la jornada (ni ciega de copas se le hubiera ocurrido a la inspiración de Serrat parir en este festival el Hoy puede ser un gran día) consiguen que te levantes con un estado de ánimo parecido al del minero que va a picar en las profundidades más sombrías. De aperitivo, unos porteros con vocación y modales de guardaespaldas impiden la entrada a la proyección de los spots publicitarios que ha dirigido Woody Allen a cualquier informador que no trabaje para la prensa italiana. Según estos Garibaldis de clase Z, las elitistas órdenes han partido del propio Woody Allen, pero me resisto a creer que éste se lo monte de servil con los dueños de la COOP, cooperativa italiana de galerías de alimentación que le ha contratado (imagino que a precio de oro) con la intención de que otorgue certificado artístico y «pedigrí» a sus frutas y a sus qu…

Los escándalos de Borrell

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Creo que fue Clemenceau, aquel famoso tigre con absenta en el bigote, quien dejó dicho que cuando alguien quería que un problema no tuviera solución, o convenía taparlo, lo que procedía era encomendárselo a una comisión. Aquel principio no ha sido derrocado; más aún, aquí se han ensanchado las aplicaciones de tan sarcástico diagnóstico creando nuevas nóminas en la disparatada plantilla de la Administración. Una de las más cebadas es la tribu de asesores.

Gente curiosa, de sabiduría variable y geometría política poliédrica a quienes sus señoritos, los asesorados, acuden cuando tienen un problema y no se atreven o les parece mucho nombrar una comisión. Sería injusto escribir que el asesor es un invento socialista, pero es exacto decir que en los últimos años este gremio parece que ha sido sometido a un tratamiento con hormonas, dado su espectacular aumento de población. Ser asesor, no equivale a firmar una póliza exoneradora de riesgos; en ocasiones sucede lo contrario: el señorito uti…

La televisión pública ha perdido el rumbo

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EL progresivo aumento de la oferta televisiva en toda Europa ha puesto en tela de juicio el lema instaurado por Lord Reith en los años veinte, según el cual, la misión de la radiodifusión de servicio público era la de informar, educar y entretener. La batalla por la audiencia y el incremento de los costes en la programación ha originado una fuerte crisis del modelo público de televisión. Esta situación tiene su raíz en varios problemas y concepciones de fondo. 
La televisión pública en Europa, a diferencia de Estados Unidos, ha concentrado en su estructura empresarial la emisión y la producción, con la consiguiente carga de nóminas e infraestructura. Este «hormigón armado», soportable en régimen de monopolio, excesivo en libre competencia, ha hecho lento y pesado cualquier movimiento estratégico ante los rivales. Las televisiones europeas se enfrentaron, a principios de los ochenta, a la «invasión» norteamericana abanderada por Dallas concentrando sus fuerzas en costosísimas coproduc…