05 agosto 2013

John Travolta nos trae un dulce recuerdo

Pero esto es Europa, ese viejo continente sofisticado en el que el cine, el erotismo y el arte han caminado hace 100 años de la mano. Más complicado lo tiene Estados Unidos, donde la visión de una actriz madura sin una sábana cubriéndole cada centímetro de piel ya era sólo un dulce recuerdo.

Hollywood parecía haber reservado los mejores papeles a actrices recién salidas de la adolescencia. Una situación que ha provocado la creación de la generación Viagra con unos galanes -Warren Beatty, Sean Connery, Jack Nicholson, Clint Eastwood y Michael Douglas- que tratan de perpetuar desesperadamente su estatus de eternos seductores frente a damiselas de hasta 40 años menos de edad.

En El secreto de Thomas Crown, René Russo es Catherine Banning, una madura de buen ver que viste ropa de Céline, pero que se desprende de ella para interpretar renovadas escenas sexuales frente, bajo y sobre Pierce Brosnan. A sus45 años, Russo utiliza su belleza, pero también la poderosa carga erótica de su desafío personal.

Y eso, pese a un siglo de conquistas femeninas, se sigue contemplando como un riesgo.

Mientras que actores como John Travolta y Tom Hanks exigen cláusulas para no mostrarse, unas Sharon Stone y Julianne Moore (rubia y pelirroja) cerca de la cuarentena revelaron lo más íntimo en Instinto básico y Vidas cruzadas, actitudes que sirvieron de punto de partida para la generación postfeminista.

Atrás quedaron las ñoñeces de Julia Roberts y Meg Ryan o las extravagancias fotográficas de Demi Moore, más ansiosa de publicidad que de desafíos reales. Hay ahora una nueva generación de actrices que eligen mostrarse por voluntad propia. Son Gwyneth Paltrow, Kate Winslet, Patricia Arquette, Denise Richards y Heather Graham. Pero, la última palabra la tendrán las actrices maduras. Kristin Scott-Thomas lo promete hacer ante Harrison Ford en Caprichos del corazón, como lo conjuró frente a Ralph Fiennes en El paciente inglés, y Susan Sarandon (52 años) arrebatará al tremendo Stephe Dorff en Earthly posession, como lo hizo con James Spader en Pasión sin barreras.

Un título que podría obrar como la declaración de principios de una generación de mujeres maduras capaces de mostrar en una pantalla una segura aceptación de su aspecto, edad y sexualidad.

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