27 marzo 2013

La casa más cara de Nueva York la compra una rusa


Se codea con Athina Onassis y Carlota Casiraghi en los torneos hípicos. Es inmensamente rica, según Forbes, y muy hermosa, en opinión del magnate Donald Trump. Y, a sus 22 años, Ekaterina Rybolovlev es ahora, además, la dueña del apartamento que ha marcado la transacción más cara de la historia de Nueva York.

Su padre, el multimillonario Dmitry Rybolovlev, acaba de comprarle un piso en el número 15 de Central Park West por 88 millones de dólares (67 millones de euros), el precio más caro que se ha pagado nunca en Manhattan.

La joven, que ha pasado los últimos 15 años entre Mónaco y Suiza, sólo usará este apartamento en sus estancias por ocio en Nueva York. Podrá reposar en sus 626 metros cuadrados, que contienen diez habitaciones, dos chimeneas de leña, una enorme biblioteca y siete vestidores. Por si quiere tomar aire, puede ver Central Park desde la terraza de 186 metros cuadrados que envuelve el piso.

La mansión anima el debilitado mercado inmobiliario. Curiosamente, el vendedor, Sandy Well, expresidente de Citi y que ahora asegura que dedicará el beneficio por la venta a obras de caridad, ya marcó un récord cuando compró ese inmueble por 42,4 millones hace una década. Aunque pronto le superó J. Christopher Flowers.

El fundador del popular fondo JC Flowers, conocido en España por sus incursiones en las cajas españolas, desembolsó 53 millones de dólares en 2006 por un piso en East 75 Street, que ha vendido recientemente por poco más de 36 millones. Ahora, su récord ha sido superado por Dmitry Rybolovlev, que está en el puesto 93 del ránking de ricos de Forbes, gracias a oleada de privatizaciones en la era post soviética y su negocio de fertilizantes Uralkali.

Lo que no está claro es si es un acto de generosidad o una forma de evitar las ambiciones de la que fue su esposa durante 23 años. Rybolovlev, también accionista mayoritario del club de fútbol AS Mónaco, está inmerso en un complicado divorcio por acusaciones de "infidelidades en serie", por las que su exmujer le reclama 3.500 millones.

Al poner el piso a nombre su hija, el magnate evitará que su esposa, que ya le reclama la casa de Florida que le compró a Trump por 95 millones, se haga con el apartamento neoyorquino.

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