31 marzo 2013

El honor militar de los prisioneros

La guerra de Hart combina la tipología de películas como La gran evasión o incluso esa obra maestra muy poco conocida que es Stalag 17, Traidor en el Infierno, muy cercana al corazón de Wilder, con ese género tan agradecido como son las películas de juicios, con mención especial para Senderos de gloria.

Gregory Hoblit no es un director especialmente brillante ni me parece que su quehacer desborde el calificativo de artesano correcto. La otra cara de la verdad revelaba un cineasta eficaz, muy atento a lo significativo del guión y servidor astuto de los deseos de las estrellas.

La guerra de Hart vuelve a ratificar esas credenciales. Hoblit agarra un guión lleno de fisuras y sobre todo de lugares confusos , y arriesgándose con un ritmo muy reposado, conduce con eficiencia la película a su núcleo final, una corte marcial con truco incluido, como manda el género, un final en el que se da la vuelta de manera completa a lo que antes hemos visto.

El guión explora con destreza el cruce de temas como el racismo, el valor, la lealtad, el honor, el sacrificio y el horror de la guerra.

La guerra de Hart tiene su mejor baza en la intersección de tres personajes con mucho carisma. Uno es el joven teniente Hart Colin Farell , un niño bien e hijo de senador, prisionero rodeado de un halo de cobardía, que actúa como abogado de un soldado acusado de matar a otro, con fama de racista. El teniente Hart se enfrenta a McNamara, un coronel veterano Bruce Willis . Estos dos personajes están vigilados por un refinado halcón, otro militar veterano, cruel y culto Marcel Iures , el oficial nazi que dirige el campo de concentración.

La novela de John Katzenbach es mucho mejor que el guión, incapaz de precisar con nitidez las relaciones entre los tres, aunque funciona bien a la hora de tejer el panorama general de ese campo de concentración. El error del guión reside en que es confuso y eso perjudica a la emoción que, sin embargo, fluye con generosidad en el tercio final de la película.

La guerra de Hart refulge con el trabajo excelente del reparto y, muy especialmente, con los tres protagonistas, lo que produce especial satisfacción.

Bruce Willis es un coronel confinado en un campo de concentración nazi, empeñado en causar problemas a sus carceleros. Un crimen

y un juicio militar son una distracción idónea para planear una fuga.

Lo mejor es el duelo entre dos personajes, el coronel empeñado en fugarse y el joven abogado Hart.

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