07 julio 2012

Todo muy bien colocado


Apesar de esa especie de leyenda que asegura que todo lo que tiene que ver con la informática y sus aledaños cambia de un día para otro, la realidad es bien distinta. Sólo de vez en cuando, muy de vez en cuando, vemos soluciones novedosas. Es el caso, por ejemplo, de esta HP Z1. 

Si nos ponemos muy estrictos, tampoco es una novedad. Vale, es un all-in-one, uno de esos todo en uno que se están postulando desde hace unos años para remplazar al ordenador de sobremesa. Lo que hace que esta máquina sea algo más especial es que se trata de un equipo profesional. La compañía estadounidense HP lo tiene bien encasillado en su familia de workstations. 

Eso ya le da otro toque de innovación, pero lo que coloca a esta Z1 en un nivel diferente que su competencia -tampoco es la única estación de trabajo montada en un formato todo en uno- es la capacidad para personalizarla, tanto antes (hay numerosos modelos sobre la misma estructura) como una vez adquirida, ya que sus piezas fundamentales son fácilmente desmontables y sustituibles por otras. Y todo sin utilizar una sóla herramienta. 

Todo el sistema se esconde tras una gran pantalla LED de 27 pulgadas de diagonal y una resolución nativa que no está nada mal: 2.560 por 1.440 píxeles (recuerden que la resolución full HD es de 1.920 x 1080) con tecnología IPS. 

La pantalla va montada sobre un brazo con doble articulación que permite regular la altura y la inclinación y disponerla totalmente paralela a la mesa. En esta posición, se puede abrir la pantalla (un brazo hidráulico vigilará para que no se cierre de golpe) y muestra todo el interior. 

Al contrario de lo que suele suceder en la mayoría de los sistemas, todo aparece absolutamente ordenado, sin cables a la vista. Es como si se hubieran confabulado el jefe del departamento de almacenamiento de Ikea y el inventor del Tetris. Todo encaja de forma modular. De esta forma, basta con retirar, por ejemplo, el módulo con la tarjeta gráfica (en este caso, una NVIDIA Quadro 1.000) y reemplazarla. Eso sí, tendrá que ser compatible con el sistema. 
La idea es que los componentes que más se cambian a lo largo de la vida de una estación de trabajo sean fácilmente reemplazables y sin herramientas. 

A cambio, hay que pagarlo. Y no poco, porque el precio es lo peor, de sobra, que tiene esta Z1 (bueno, a mí también me molesta el hecho de que en una máquina de este nivel tanto el teclado como el ratón suministrados no sean inalámbricos). 

El modelo que hemos probado está movido por un procesador de la gama profesional de Intel, el Xeon E3, aunque hay otros modelos que usan el i3 de la misma compañía, de menor rendimiento, y confía los gráficos a una NVIDIA quadro 1.000 con dos gigas de memoria dedicada. Lleva ocho gigas de RAM, un disco duro convencional (no es de memoria sólida) de un Tera y una unidad óptica regrabadora de DVD. Y ahora viene lo que les advertía: esta configuración (ojo, no es la más potente del mercado) cuesta la friolera de 3.300 euros. Eso sí, quien la pague no sólo disfrutará de sus características profesionales y de una pantalla brillante, sino también de un sonido de calidad.

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