03 mayo 2012

De mayor quiero ser bisagra

El andalucismo se ha muerto de tristeza y su viuda no quiere que la echen a la pira del difunto. Pilar González en realidad parece que incluso estaba preparando nuevas nupcias antes de que el médico firmara el certificado de defunción del cónyuge. Hay e-mails circulando por ahí llenos de maquiavelismo casero. Están redactados por gente afín a la hasta ahora secretaria general. En ellos se le llama a Rojas Marcos 'La momia'. Como en las películas de miedo, a toda costa quieren huir de él, pues don Alejandro, a pesar de su condición de prehistórico, sigue teniendo buenas piernas y alcanza con sus tentáculos las cuatro esquinas del partido. Los estrategas del andalucismo versión Pilar González querían huir de su 'marca', de la marca Rojas Marcos e incluso de la propia marca PA. Ambos, según el criterio del sector González, evocan derecha y naftalina.

Pilar González echó los dientes de leche en el CDS, aquel partido de Adolfo Suárez que pretendió ser una reserva espiritual de la Transición y del funambulismo de su lider entre la derecha y la izquierda. Cuando bajaron la persiana de aquel partido casi romántico, Pilar González, siguiendo la andadura equilibrista de Suárez, ingresó en el PA de la mano de Rojas Marcos, hoy The Mummy. Eran otros tiempos. El disco rayado de Rojas Marcos todavía se podía oír con cierto agrado. Un suegro con pasado musical que en las cenas navideñas cantaba todavía con buena voz sus éxitos personales. Ahora que el andalucismo está casi de cuerpo presente y con la extremaunción de las urnas en las dos últimas convocatorias electorales encima, el suegro es solo eso, un suegro carca y sin voz. Así que Pilar González y los suyos no quieren tragarse ni una Navidad más con la Momia, soportando sus órdenes y sus recuerdos de viejo cupletista con discos grabados en el Parlamento español.

Pilar González tiene vocación de bisagra. Quiere ser algo en el mundo. No se conforma con cantar dos veces al año el himno andaluz, visitar por agosto la carretera donde fusilaron a Blas Infante y ponerle los dodotis blanquiverdes a la vieja gloria del partido. Sus estrategas le aconsejaban bajarse del barco antes del próximo congreso. Un congreso en el que solo podían perder, aunque lo ganaran. Si perdían serían tachados de resentidos. Si ganaban seguirían con la marca perdedora -PA + Momia- en el dorsal. Querían dar un paso a la izquierda, constituirse en un andalucismo progresista, ilusionar a unas decenas de miles de andaluces y entrar como minoría en las instituciones. En estos días de cociliábulos PSOE-IU, Pilar González y su gente deberán ponerse babero para que la salivación no les estropee la pechera. Se sueñan legítimamente en ese escenario, ser alternativa negociante a IU, dar zancadas cortas por los pasillos al lado de Griñán o quién sabe si de Arenas o sus sucesores mientras trazan la geografía gubernamental, el pacto de legislatura, la existencia. El ser.

Pero han echado mano a la pólvora y la grandilocuencia. Pilar González ha escrito una carta truculenta para disimular su simple deseo de no ser quemada en la pira marital. Mujer moderna, podría haber echado mano del divorcio y las cuentas claras, pero no. Erigiéndose en Estado, ha bautizado las naturales maniobras de reflujo contra ella dentro del partido como un golpe de Estado contra su persona. Reina Sol. Morena de Mérida. Efigie de telediario con noticias antiguas. Pilar González se despide del andalucismo «de prácticas mafiosas» para intentar recuperar su carrera de equilibrista, su vocación primera de bisagra. Volar libre y no volver a oír, ni por Navidad ni nunca, los viejos éxitos del abuelo Cebolleta. The Mummy returns.

Pilar González ha escrito una carta truculenta para disimular su deseo de no ser quemada en la pira marital.

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