12 julio 2015

En Andalucía la lavadora sigue a toda máquina

La letra chica de Andalucía en este examen se ha convertido en letreros gordos, con los que menos mal que se escriben cosas nuevas sobre las viejos tópicos electorales. Se ha quebrado la inercia que comenzó en 1982, aquello que afirmaba que Andalucía funcionaba siempre como la máquina de lavar errores de España y de conseguir automáticamente mayorías más absolutorias que absolutas, y que aquí abajo no había forma de derrotar a González. No digo yo que a Felipe se le haya roto completamente la lavadora andaluza y tenga que comprarse una nueva, pero ya no le aclara, enjuaga y centrifuga como antes. 

Por lo menos la tiene estropeada y no le cabe llamar al técnico, porque el técnico, con el mono de Santana, está encantado de haberle puesto toda la instalación de dulce a IU y al PP.

La pérdida de la mayoría absoluta en Andalucía es algo más que la toma de los palacios de Chaves. Significa que el miedo no ha funcionado, que los votos cautivos han obtenido la carta de libertad, que ha habido voto útil del PSOE para IU y del Poder Andaluz para el PP. Al «que viene la derecha» se ha respondido becquerianamente: «La derecha eres tú, querido Felipe». ¿Qué más derecha que la que ha llevado a Andalucía donde está? La respuesta ha sido tan perogrullesca como que IU ha votado a IU. 

Dije antes de la campaña que la clave estaba en que los votos de IU se le prestaran al PSOE, ante el miedo a la derecha, o se quedaran en su sitio, profundizándose y aumentándose. Ha sido así, esto último. Hay veces en que las campañas serenas y de contenido de programa dan resultado, y los dirigentes andaluces de Izquierda Unida pueden estar orgullosos de haber recogido los frutos de su trabajo.

El cortijo andaluz ya no es lo que era. Es una finca que algún día, quizá cercano, hasta le expropiarán a González por manifiestamente mejorable. Si el PSOE ha perdido votos en las europeas, más en las andaluzas. Ya el PSOE no domina en todas y cada una de las provincias. Al granero de votos le han salido agujeros importantes en los silos. La mancha de la mora ya no se quita con otra verde. 

En Almería y en Málaga el PSOE ya no es el primer partido. Hasta en el feudo sevillano del Inalámbrico y del Muchacho de Bellavista la importante disminución de voto da mucho que pensar. La votación de Arenas tiene brillo de limpiabotas, ¡toma ya retrato malvado!... La máquina socialista de ganar elecciones ya no es lo que era. Le ha entrado Arenas en el engranaje. Que el PP suba en todas las provincias meridionales hay que verlo como la puesta de sol de la hegemonía andaluza del PSOE, pero también como el resultado de la limpia interior que los conservadores hicieron hace ya mucho en la estructura del partido en los pueblos.

Me da alegría no sentir aquella vergüenza y alipori que los andaluces experimentábamos después de cada elección, cuando, aunque hubiese habido carros y carretas en las mangoletas del Gobierno socialista, los paisanos de Felipe volvían a darle su confianza. Los andaluces no estamos tan encantados como decían con una sociedad subvencionada. Para mí que el retroceso andaluz es casi tan importante, si no más, que la debacle europea. (Otra cuestión es ese Poder Andaluz que ha quedado como Curro Romero en sus peores tardes, y que veremos si no se retira de los ruedos, dejando a Pacheco como único espada en Jerez...) 

Ayer cayó un tópico andaluz, que afirmaba que a los socialistas no se les podía vencer al Sur de Despeñaperros. A los socialistas han comenzado a vencerlos en Andalucía, en su feudo, en su cortijo, mediante el bocadillo que les han hecho entre los conservadores y la verdadera izquierda, y miren Málaga, y miren Almería. Ya digo que a Felipe se le ha estropeado la lavadora y ya no puede llamar al servicio técnico de Izquierda Unida.

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