05 febrero 2014

Celebraban con una tarta el cumpleaños de su rapto

Ariel Castro obligaba a sus víctimas a celebrar con una tarta el aniversario de su rapto. Así lo desveló ayer una prima de la joven Gina DeJesús, que asegura que el secuestrador servía además una cena especial a cada una de las jóvenes y les decía que esa fecha era "su nuevo cumpleaños".

Es un detalle más del calvario que sufrieron las jóvenes a manos de Castro, al que la juez Lauren C. Moore impuso ayer una fianza de ocho millones de dólares (algo más de seis millones de euros) y al que el fiscal describió como un individuo que usaba a las mujeres "de forma interesada y para obtener cualquier gratificación".

El auto judicial ofreció ayer los primeros detalles sobre el cautiverio a partir de los testimonios de las jóvenes y del propio Castro, que fue interrogado por la policía varias veces desde su detención. Las autoridades cuentan en el auto que Michelle Knight ejerció como comadrona en el parto de Amanda Berry en las Navidades de 2006 y desvelan que se produjo en una piscina de plástico que Ariel Castro colocó en uno de los dormitorios de la casa.

Castro amenazó con asesinar a Michelle Knight si la niña de Amanda no sobrevivía y la joven llegó a hacerle el boca a boca durante el parto cuando Jocelyn dejó de respirar. Ningún profesional sanitario examinó a la madre o a la niña durante el embarazo. Las jóvenes sólo abandonaron la casa en dos ocasiones durante los años de cautiverio y sólo para ir al garaje cubiertas con disfraces y pelucas.

El secuestrador estuvo presente durante el nacimiento de Jocelyn, que ahora tiene seis años y a la que Castro presentó varias veces en el barrio como la hija de su novia. Su primo Nelson Martínez (54 años) contaba ayer que Ariel estuvo en su casa con una niña que presentó como su nieta: "Tenía ropa limpia y parecía una niña normal".

El auto desvela que Amanda logró escapar gracias a un descuido insólito de Castro, que al ir al McDonald’s del barrio no cerró con llave la puerta principal. La joven se dio cuenta del error pero al principio no logró salir. Se lo impidió una segunda puerta de cristal que tienen en este barrio la mayoría de las casas para mitigar los daños de las inclemencias del tiempo.

Esa fue la puerta cuya parte inferior rompió Amanda unos minutos antes de las seis de la tarde del lunes con la ayuda del hispano Ángel Cordero, cuyo domicilio se encuentra en la acera del frente. El afroamericano Charles Ramsey, cuyo relato lo convirtió enseguida en el héroe mediático del rescate, sólo llegó al lugar de los hechos en su bicicleta unos minutos después.

Los agentes miraron primero en el sótano y luego subieron por las escaleras siguiendo las indicaciones de la joven, que les advirtió que dentro había dos mujeres más. Michelle se arrojó a los brazos de uno de los policías y Gina DeJesús salió de su dormitorio temerosa de que todo fuera otra trampa de su captor, que solía poner a prueba la sumisión de sus esclavas dejando alguna puerta abierta y apaleándolas cuando intentaban huir.

Amanda no fue la única joven a la que Castro dejó embarazada durante su cautiverio. Michelle sufrió hasta cinco abortos provocados por la crueldad de su secuestrador, que dejaba de alimentarla durante dos semanas y la golpeaba en el estómago hasta que perdía el bebé.

El auto aporta algunas claves sobre el modo en el que Castro secuestró a las tres jóvenes. A Michelle le ofreció llevarla a casa en su coche en agosto de 2002 muy cerca del lugar donde vivían entonces los hijos de Castro y su ex mujer Grimilda Figueroa. A Amanda la raptó en abril del año siguiente diciendo que su hijo también trabajaba en el Burger King. A Gina la conocía de antemano porque era una de las mejores amigas de su hija Angie, que estaba con ella unos minutos antes de su desaparición.

Las autoridades arrestaron a Ariel Castro en el McDonald’s del barrio junto a su hermano Onil, que preguntó si el arresto tenía algo que ver con su hermano Pedro, al que la policía se encontró borracho y semidesnudo en el jardín de la casa de su madre. Fue ese malentendido el que propició que fueran detenidos los dos hermanos del dueño de la casa. Pero la policía anunció que no presentaría cargos contra ellos y ayer a mediodía los dejó en libertad.

Despeinado y con el traje oscuro de presidiario, Ariel Castro se presentó ayer en el juzgado para asistir a la primera vista judicial. El ritual apenas duró 10 minutos y la juez Moore le comunicó personalmente los siete cargos que se le imputan: cuatro por secuestro y tres por violación.

Ariel se mantuvo cabizbajo durante la vista y sólo abrió la boca para hablar en voz baja con su abogada Kathleen DeMetz, que recordó que su cliente reside desde hace 39 años en Cleveland y nunca había sido condenado por ningún delito grave hasta esta ocasión. Un argumento a favor de la libertad bajo fianza que la Fiscalía rebatió recordando la naturaleza terrible de los delitos que se imputan a Castro, el posible impacto que su liberación tendría sobre las víctimas y la posibilidad de que pueda reincidir.

La siguiente vista debe celebrarse en los próximos 30 días en el mismo juzgado de Cleveland. Hasta entonces Castro permanecerá en prisión si no presenta un aval por valor de ocho millones de dólares. Un extremo que requeriría un depósito de al menos 800.000 dólares, dinero que según su abogada ni siquiera intentará reunir.

La letrada DeMetz contó que había hablado con su cliente este jueves durante media hora y que las autoridades lo mantenían bajo vigilancia para evitar un posible suicidio.

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