31 marzo 2016

Kate Moss la modelo drogadicta

«Me encanta la oscuridad de Berlín.» Kate Moss ha escogido la capital alemana para presentar su último perfume -Velvet Hour-, seducida por esa «increíble vida nocturna» de la que ella misma dará buena cuenta unas horas después de que finalice la entrevista.

La cita se desarrolla en el exclusivo Hotel de Rome, regada con champán (mientras los periodistas entran y salen de la suite, la modelo se relaja dando sorbos de la bebida que encarna el glamour). Los cinco minutos que, según su representante, tardará en hacer acto de presencia se prolongan hasta rondar los 40.Todo queda olvidado en cuanto aparece, rubia como nunca, el icono del fashion system.

«Hola, ¿cómo te llamas?» La británica (nació en Croydon, en 1974) estrecha la mano mientras sonríe. Viste un diseño minifaldero de la colección prêt-à-porter de su íntimo amigo Alexander McQueen, que deja entrever su ropa interior de estampado navy. Apoltronada en un mullido sofá gris, explica, gesticulando de forma exagerada, los detalles de su última aventura empresarial: «Mi nuevo perfume es para disfrutar del sexo, para que te sientas realmente mujer, sensual, sexy, especial, chic, animal...» Desde que la prensa sensacionalista se hiciese eco de sus supuestas adicciones, su estela no ha hecho sino ascender. 

De la mano del grupo Coty, lanzó en 2007 su primer perfume, Kate, y este mes pone a la venta el segundo. Además, planea crear su propia línea de maquillaje, y ya tiene en marcha una gama de cuidados capilares basada en su melena oxigenada. Cualquier cosa que lleve su nombre, vende.

Velvet Hour supone tu segunda incursión en el mundo de las fragancias en sólo un año. ¿En qué se diferencia de la primera?

Dependiendo del momento del día, me gusta utilizar un perfume u otro. Kate es fresco y diurno. Velvet Hour, en cambio, se inspira en el anochecer, en ese momento en el que te relajas, tomas unas copas, te pones tonta y... Eso sí, siempre debe utilizarse acompañada de un hombre, jamás sola. [Mientras habla, simula perfumar las zonas más sensuales de su deseada anatomía, que sobresalen de su escueto vestuario sin que le importe lo más mínimo.]

¿En qué te inspiraste para crear este aroma?

He intentado recrear la atmósfera de la noche. Cuando me preparo para salir, tengo un ritual; por ejemplo, me gusta encender incienso.También me he fijado en uno de mis vestidos favoritos, un modelo vintage que encontré en una tienda de segunda mano en Londres en mi 30 cumpleaños; me trae recuerdos de una fiesta genial.

Saltaste a la fama durante la era del grunge y, 15 años después, te mantienes en la cresta de la ola. ¿Es por tu capacidad camaleónica?

En mi profesión hay que ser un poco camaleón, pero en mi vida personal no lo soy. Cuando trabajo, sé adaptarme tanto al estilo de Naomi Campbell como a los looks de ahora.

Stella Tenant, Liberty Ross, Erin O'Connor, tú misma... ¿Crees que las modelos británicas tienen algo especial que las diferencia del resto?

Mi favorita, Veruschka, es alemana. También admiro a la estadounidense Christy Turlington. Pero las británicas somos especiales.

Tras casi dos décadas de trabajo ininterrumpido, tu vida privada ha debido resentirse...

Dejo que las cosas fluyan a su ritmo. Paso tiempo con mis amigos, me gusta cenar con ellos en el jardín, charlamos, vuelvo al trabajo...A veces es duro, pero me las arreglo.

¿No te cansas de tu estilo de vida?

No, estoy acostumbrada, porque empecé muy joven. Me lo paso muy bien haciendo publicidad, como la campaña de Velvet Hour, que firman Mertt Alas y Marcus Pigott, con los que me encanta trabajar y me divierto muchísimo.

¿Cómo te imaginas dentro de 20 años?

Nunca pienso en el futuro. Eso sí, como actriz, no.

Para una mujer tan imitada como tú, ¿qué es el estilo?

La elegancia.

¿Qué tres cosas salvarías de tu guardarropa?

Mis vaqueros, unos mocasines y una vieja camiseta que adoro.En mi armario nunca faltan los blazers ni el rojo, mi color favorito.Tampoco los leggings, porque me hacen sentir que tengo una piernas largas [apenas rebasa el metro sesenta y cinco]. Me gusta el estilo clásico con un toque de modernidad.

Tu hija ya ha cumplido seis años...

Adoro a Lyla Grace. Va todo el día detrás de mí y, cuando me marcho, siempre me hace la misma pregunta: «¿Por qué te vas?» A veces le enseño alguno de mis trabajos y me dice: «No estoy segura de que seas tú, mami». Todavía es muy pequeña.

¿Le gusta la moda?

Cada mañana debo esparcir sobre su cama varios conjuntos cuidadosamente combinados porque «necesita varias opciones» antes de decidirse.

¿Temes dedicarle menos tiempo del que te gustaría?

Nunca estoy más de dos días separada de mi hija. Es tan despierta...Con sólo seis años, ¡ya tiene móvil! Cuando quiero que no se deje nada en el plato, utilizo un truco: mientras le señalo mi armario, le digo: «Lyla, si no te lo comes todo, nunca podrás ponerte mis vestidos».

La música no se te da nada mal, ahí está tu versión de Some Velvet Morning, de Sinatra, con tu amigo Bobbie Gillespie, de Primal Scream...

Oh, ¿de veras te gustó? ¡Muchas gracias, de verdad! Pero me temo que, para dedicarme al rock'n'roll, deberé esperar a mi próxima vida. Puede que, con un poco de suerte, me reencarne en Mick Jagger. Ojalá. Me habría encantado dedicarme a la música, he tenido más de un novio sólo porque sabían tocar la guitarra y quería que me enseñaran.

¿Cómo planificas cada uno de tus proyectos?

Los planes no sirven para nada, porque pueden cambiar. Con Velvet Hour, por ejemplo, me involucré en todo el proceso, desde el diseño del frasco hasta la elección de las notas olfativas. Lo probé sobre mi cuerpo y experimenté con mis amigos más cercanos, a los que iba sondeando. También con mi hija, aunque debo reconocer que a ella no le gustaba demasiado. Pretendía lograr una fragancia íntima, sensual y sexy, y creo que lo he conseguido.

¿Tienes algún modelo a seguir?

Mmm... Admiro a mucha gente por diferentes motivos. Si tuviera que elegir a un personaje por la energía que desprende, diría Catherine Deneuve.

¿Cómo empiezas la jornada?

El desayuno es mi comida favorita. Me gusta el olor a bacon y a café. Cuando me levanto, me doy una ducha de agua fría, a veces uso exfoliante, pero poco más. No soy adicta a ningún tratamiento de belleza en particular y, sin embargo, sería incapaz de sobrevivir sin cigarrillos... Mi rutina de belleza se resume así: ducha, hidratante, vaqueros y a la calle. Puedo vivir sin diamantes, no soy excesivamente materialista. Como mucho, añoraría el brillo de labios.

¿Ningún tratamiento especial?

En absoluto. No me cuido ni hago gimnasia. Adoro ir de clubbing, por eso he querido presentar mi perfume en Berlín. Eso sí, no bebo, de vez en cuando una copita de vino tinto o de champán...

¿Cómo has escogido el look de hoy?

No soy una fanática del maquillaje, simplemente enfatizo los ojos y las mejillas, según la hora del día. Si tengo alguna cita especial, adoro que mi amiga Charlotte Tilbury me maquille. Para hoy, simplemente llevo polvos de sol, máscara de pestañas muy oscura y un tono en los labios que se logra mezclando varias barras de MAC. Esta noche iré igual, tan sólo cambiaré de vestido.Siempre recurro a mis amigos a la hora de elegir el vestuario.

Cuando, un par de horas después, nos reencontramos con ella en el Watergate, una antigua nave industrial a orillas del río Spree, la modelo ha sustituido el McQeeen por un Marc Jacobs, y las bailarinas a ras del suelo por un par de stilettos firmados por Christian Louboutin. Posa ante una televisión de plasma sobre la que se proyecta el anuncio de Velvet Hour. La Kate que aparece en la pantalla no eclipsa a la real, ni al revés. La top model y la madre rock star conviven sin problemas en una noche sin fin.

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